jueves, 23 de octubre de 2008

Alejandro Céspedes. Sobre andamios de humo. Edita Vitruvio


Hola amigas y amigos:

Vamos a hablar en esta contracrítica de "Andamios de humo (1979-2007)", libro que recoge la poesía de Alejandro Céspedes en su larga trayectoria como poeta. No se incluye el libro "Los círculos concéntricos", recientemente publicado.

La reseña la realizó Manuel Rico en Babelia. Por diversas razones, la nota de objetividad no puede ser muy alta: 5/10. Por nuestra parte, no tenemos ningún conflicto de objetividad en este caso concreto.

El libro comienza con el poemario "James Dean, amor que me prohibes", excelente título para un libro de poesía. El primer poema es una oración al propio James Dean como símbolo no sólo de la belleza sino de la juventud, de los recuerdos de la infancia y los sueños imposibles: "un vacío de absurdas mariposas / apareándose dentro de mi estómago".

Este primer poema, el mejor del primer libro junto al dedicado a varios cantantes, tiene un verso que es una pena que no se haya aplicado en el resto de "Sobre andamios de humo": "Proclamo este delirio y el verso se acobarda." En ocasiones veremos el verso enamorado de sí mismo, con los efectos que esto tiene sobre la calidad final de la poesía.

El segundo y tercer poema son también buenos pero se escapa algún cliché que en poemarios posteriores harán más daño a los poemas: "un sueño atropellado", "...los besos que tenían / desde hace tanto tiempo hipotecados". También existe un cierto rebuscamiento léxico muy ocasional (acibara) que creemos que en parte tiene que ver con una ortodoxia métrica que en ocasiones chirría ("las barbas de Neptuno ir habitando") en mitad de un lenguaje que suele ser coloquial.

Pero en general el nivel de estos primeros poemas es bueno. El poeta consigue llevarnos a su mundo de recuerdos, de pasiones insatisfechas, de una adolescencia complicada ("pues niños más hermosos / hace tiempo que juegan con barajas marcadas"), en donde el amor adquiere dimensiones míticas: "para que te pintase / al sol, / amor pacífico, / al sol / inmutable, corpóreo, previsible".

Por otra parte el poeta parece obtener mejores resultados hurgando en las oscuridades del alma humana que tratando de sacar brillo a lo que no lo tiene, forzando una estética demasiado almibarada. Así, en el siguiente terceto, el último verso tiene mucha más fuerza que el segundo: "Mi dolor es insecto / conservado en el ámbar del pasado, /alquitrán que recubre las plumas de las aves."

Relacionado con lo anterior, el peor poema de "James Dean amor que me prohibes" sería el número VI precisamente por el abuso de imágenes, a las que le sobran lazos y azúcares: "Y eras tú, columpiándote, una estela / de Mirurgia y pamela en el manzano", "un triángulo de calas y alhelíes", "Tú eras toda mi infancia y el talco de las rosas", "el melocotón tibio donde apoyar los labios"...

Los poemas siguientes abandonan ese tono arrebatado y en especial destaca el que tiene como titular las fechas de la muerte, todas cercanas, de Jim Morrison, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Incluso el poeta se atreve con alguna imagen surrealista, uso que podría haber potenciado en mayor medida: "Canciones que son cactus / columpiándose / en los rojos desiertos del Perú". El mundo de la música, que parece importante para el poeta aunque apenas está presente en su obra, se resumen en esas canciones que "son losas, cuchillos, hojas finas / para venas que ansían el descanso."

En el poema a "Alejandro Magno", el sujeto poético se convierte en amante del mito, y lo hace de una manera contenida y hermosa. En el caso del poema sobre Aníbal se abusa de lo ya comentado en el poema VI. Una vez más observamos como los intentos por crear belleza se exceden hasta el amaneramiento ("y echas mi ancla al fondo de mi oído / desde el misterio de una caracola") mientras que en el dolor, cercano a un moderado expresionismo, la voz suena más original y acertada ("ese batir que tienen las sirenas / sobre el agua estancada de las calles. / Escucho sus lamentos de animal travestido / que me incita a arrojarme sobre su mar airado./ Átame con tus sogas, no me dejes / probar la tentación / pues se alborota el vuelo de los alcaravanes, hunden su cuello al fondo de un retrete / engullen su alimento de rodillas").

En el epílogo del poemario, el poeta declara, en su soledad, que esos seres, esos mitos, "ya no existen". En un tono pesimista que enlaza con el último poemario del libro, el poeta escribe de manera desgarrada y auténtica: "En esta arena nueva / ando buscando un árbol / para poder colgar los viejos nudos / que atiranten la soga tras las vértebras / que unen mi pasado / con mi desasimiento."

"Y con esto termino de hablar del amor (1979-2007)" agrupa tres poemarios que el poeta ha reescrito y reducido de manera importante dejándolos en uno solo, además de los cambios que también presente el anterior poemario. En general, el nivel de la poesía en este grupo heterogéneo de poemas está por debajo del nivel en "James Dean, amor que me prohibes". El primer poema es uno de los dos mejores de este segundo libro. Con una arquitectura anafórica, figura de la que el poeta nunca abusa, Alejandro expresa con una enorme fuerza su derecho al recuerdo y al dolor: "Y qué / si ya no puedo soportarlo. / Si cansado de amar a fotos muertas / introduzco mi aliento en una bolsa / de plástico y aspiro el pegamento".

Los siguientes poemas, de carácter elegíaco, recuerdan amores perdidos y tienen los dos problemas que ya hemos señalado: metáforas que suelen resultar fallidas por su exceso de ornamentación ("El amor que allí hubo y que bebimos / como agua primigenia se fue al fondo") y de lugares comunes, a veces con las dos problemas en el mismo verso: "memorizar las rutas de sus cuerpos". El poeta insiste en que busca el amor perdido en otros cuerpos, pero la emoción no se transmite como en el primer libro. Sólo cuando le sale la rabia, como el poema que comienza con el verso "Hice tanto el ridículo", el lenguaje es más crudo y apropiado al tema, y esa mezcla de amor y odio al "dios del instituto" se comunica de manera perfecta. El resto de poemas siguen en el tono más elegíaco, aunque se introducen nuevos temas como las discotecas o los prostíbulos, estos tratados con cierta ironía ante la hipocresía de la sociedad, ironía a la cual habría que añadir un enorme desengaño en el amor y una gran desconfianza en él: "No saben que las vidas más largas del amor / no me duraron más que unos minutos."

En el encuentro, o tropiezo, de dos personas que se amaron, en el poema no titulado que comienza como "A pesar del fervor...", Alejandro se mueve de nuevo en los terrenos del dolor: "Supieron que volvían de otro tiempo / ... / del lugar inexacto al que se emigra / cuando no se es amado y no se ama / y no se espera porque no hay razones. " El último poema, el que da título al libro, es un canto contra el amor, del que el poeta ya no espera nada. Lo ve, personificado, como un mercader: "Ya sé que únicamente es purpurina / lo que me vende a precio de aureola."

El siguiente poemario, "Las poemas mensajeras sólo saben volver", fue ganador del premio Hiperión el mismo año que otra buena poeta lo logró: Ada Salas. Para nosotros, curiosamente, es el peor poemario del libro. Últimamente se ha dicho que el premio Hiperión había bajado enormemente la calidad de sus premiados. Es posible que sí. Pero este poemario de Alejandro, que tiene libros buenos como el primero que hemos comentado y el último que queda por comentar, tiene los mismos defectos que muchos de los libros y poetas premiados o reseñados últimamente.

"Las palomas mensajeras..." se divide en dos partes, siendo la primera de mayor calidad que la segunda. Como buen seleccionador de ubicaciones de poemas, el primero de ellos está claramente por encima de la media, mostrando ese enfado que tan bien le sienta al autor: "Y es que dioses farsantes / habitan en tu nido / y sus bocas abiertas / reclaman ser cebadas con tus vómitos."

En este poemario hay un claro abuso de la figura de la prosopopeya, que se utiliza sin demasiado acierto, y en demasiadas ocasiones: "afluentes del pequeño / caudal con el que baja ya tu vida", "Sufres el espejismo de la noche / que rellena los vasos...", "El rito del silencio / diseca los minutos"... Hay también un número excesivo de metáforas, figura con la que el autor tiene una relación muy irregular. Varias veces, además, se repiten fórmulas extraídas de la liturgia católica, lo que hace que pierdan fuerza con cada nueva utilización.

Entre estos poemas que abusan de la metáfora y la prosopopeya, de repente surge una pequeña joya en el poema número IX, en donde esta vez sí que acierta con la retórica: "...ya sabes / que cada sueño nace a un plomo atado".

La segunda parte es similar a la primera pero sólo el primer poema está claramente por encima del resto. En los otros poemas ocurren los mismos errores de la primera parte. La memoria, los recuerdos y el tiempo son los protagonistas infatigables una y otra vez, junto con el esplendor en la hierba, causando un cierto cansancio temático, a la vez que algunos versos se exceden en su orgía esteticista: "El cello es una indócil mariposa / que vuela atolondrada / por el ceñido cosmos de mi frente.", o "Oh, saeta del ansia, / veloz rasgas el velo del olvido". En definitiva, un libro que de manera paradójica ha envejecido mucho más que su primer libro, bastante más antiguo.

El último poemario, el mejor junto con el primero, se titula "Hay un ciego bailando en el andén", título extraído de su último verso. En los primeros poemas parece existir una intención de desdoblamiento del yo, un intento por salirse de sí mismo. El tono se vuelve pesimista y oscuro, muy cercano al nihilismo. En el primer poema se dan pistas de por dónde puede ir el desdoblamiento y por dónde su salida: "la lluvia, / como una verja alta, /transparente, / es aduana del tiempo, / es frontera que cierra / el paso a la infancia / y separa a aquel niño que me mira / de este largo cadáver que hoy se moja."

En el segundo, el desdoblamiento continua en una especie de análisis extremadamente lúcido de la condición humana. Por otra parte parece, teniendo en cuenta la fecha de escritura del poemario, que el sujeto poético se observa a sí mismo viejo de manera prematura, como si hubiera vivido demasiado rápido y demasiado pronto.

En el diálogo consigo mismo que supone el tercer poema, la angustia se hace más profunda. Y en el cuarto la solución parece ser poner una barrera a la vida, "Qué insalvable distancia se introduce / entre la vida y yo.", en donde el poeta identifica a ese otro yo con el yo que tiene que dar la cara ante un mundo que le es hostil y le mata: "en cada diaria muerte / me obliga a seguir siendo mi otro mismo."

Magnífico el poema V en su conclusión y planteamiento poético. La felicidad de la infancia y de la no necesidad de recordar aparecen en el siguiente poema ("el recuerdo era un mundo inhabitado / al que no sabía cómo llegar"). Pero el pasado ahora es inalcanzable. En el poema VIII el nivel decae momentáneamente pero remonta con rapidez. El poeta parece alcanzar su culminación nihilista: "la cáscara de un hombre / ya sin sueños. / Fundirme hasta ser fósil. / Eso quiero." Y es que ante la afirmación de que "no hay más vida en el hombre que su propio pasado" poco se puede hacer y nada queda de hueco para la esperanza. A esto se le añade una desconfianza no sólo en sí mismo sino también en su especie: "Ser la raíz que escapa hacia la tierra. Nunca el hombre." Hasta el eje del planeta se oxida.

Los siguientes poemas caen en parte en los errores que ya mencionamos anteriormente, en concreto los números XV, XVII, XIX y XX. Sin embargo, los dos últimos poemas están entre los mejores de todo el libro. El poema XXI transcurre en un cementerio. La descripción tanto física como sentimental es excelente pero sobre todo los dos últimos versos son extraordinarios. En el último poema, aparece la duda, la pregunta final de la que ninguno tenemos respuesta, pero que está magníficamente formulada por el poeta.

Respecto a la crítica de Manuel Rico, como suele ser habitual en la crítica oficial, nos parece unidimensional. Cuando dice que "a veces, brilla la metáfora", ¿quiere decir que en el resto de ocasiones no brilla o que apenas hay metáforas, cuando el libro está cargado de ellas? En el apartado descriptivo, cómo no, sí estamos de acuerdo. Sigue faltando riesgo y proteína en la crítica poética de los grandes medios.

Es difícil hacer una valoración final de "Sobre andamios de humo" porque es un libro muy irregular. Estamos ante un poeta que, sin duda, tiene talento, pero al que parece que en una parte de su vida le han influenciado demasiado las modas pasajeras. En el libro hay poemarios bastante buenos y bastante menos buenos, versos extraordinarios y versos malos. Atendiendo a la evolución en el tiempo de los poemas, parece que la fiebre metafórica y retórica del poeta ha pasado, en parte, y los poemas del último libro tienen más que ver con la verdadera poesía de su primer libro que con los laureles adornados de guirnaldas de su premio Hiperión. Nuestra nota, en este caso, es una nota media, no sólo de los miembros del colectivo sino también de cada uno de los poemarios, que estarían evidentemente por encima y por debajo de la valoración que vamos a dar.

Valoración del poemario "Sobre andamios de humo": 6,25 / 10

viernes, 17 de octubre de 2008

La Roca. Wallace Stevens. Edita Lumen.

Hola amigos y amigas:

Nada más y nada menos que Wallace Stevens nos toca esta semana. El libro es "La roca", edita Lumen y realiza la traducción Daniel Aguirre.

La reseña la escribe Ainhoa Sáenz de Zaitegui. Buena parte de la reseña la constituyen los versos del poeta. No hay valor añadido. Sólo sabemos que Wallace es "Dios" pero no sabemos por qué. La referencia a Harold Bloom en el principio parece el argumento de más peso que se le ocurre, argumento que uno ya lee en la contraportada del propio libro.

Por otra parte, y sin tener nada que ver, esta misma semana la crítica de El Cultural tira la piedra y esconde la mano: "Recibimos a la vez dos libros. Uno es de un poeta muy famoso (y muy malo).", "Es el inconveniente de la fama: que no te bendice con talento. Mientras el poetastro agita sus pompones de cheerleader para disimular sus ripios...", "A diferencia del poeta famoso (rematadamente malo)". Parece que, desde aquella famosa reseña a Chantal Maillard que destilaba hiel, la crítica, que parece ver el mundo poético en blanco o negro, no se atreve ahora a decir el nombre del "poetastro", insulto que merecería un equivalente para su puesto, pero no puede evitar el vómito verde aunque sea para limpiarlo ella misma. Que cosas así ocurran en un suplemento que le cuesta el dinero que le cuesta a El Mundo es algo inexplicable y que merecería varias cartas al director.

Volviendo a Wallace Stevens, la mala reseña de Ainhoa está en parte justificada esta vez. Mientras que es fácil detectar cuando un poeta es malo, y también lo es cuando un poeta es brillante por retórica, en el caso de Stevens el tono muy moderado de su poesía última y la ausencia de fuegos artificiales provocan que el lector se quede absorto ante un poeta de esta calidad pero a la vez le cueste explicar en una primera lectura por qué Wallace Stevens es uno de los grandes poetas del siglo XX.

El libro que reseñamos esta semana es su último poemario. Poco tiene que ver con el Stevens de "Harmonium" (1923), un primer libro publicado cuando el poeta tenía cuarenta cuatro años, de un estilo exultante y denso, pero en el que poeta ya da muestras de genialidad y de atrevimiento, como en su famosa e irónica "Invectiva contra los cisnes", poema que algunas de nuestras más excelsas figuras actuales de la poesía española no deben haber leído (como no han leído buena parte de la poesía contemporánea escrita fuera de nuestro país). Es el síndrome de Benjamin Button el que aqueja a nuestra poesía oficialista, esa vuelta atrás como si el siglo XX no hubiera pasado.

Respecto a la traducción, tenemos dudas por lo que se refiere a no pocas palabras traducidas utilizando un lenguaje alejado del habla convencional que Wallace utiliza. Igualmente nos llama la atención el uso del hipérbaton en varias ocasiones, uso completamente alejado de la fluidez natural del verso de Stevens. Asimismo, el ritmo se separa demasiado de la cadencia del poeta americano.

"La Roca" apareció en 1954, un año antes de su fallecimiento, como el poemario inédito de su poesía completa, publicada por Knoff. No fue, por tanto, un poemario publicado de manera individual sino el regalo del poeta a su obra completa. En su famoso ensayo "Notes toward a supreme fiction" el poeta había establecido las bases por las cuales la ficción de un Dios en el que ya no se podía creer podía ser sustituída por una "Ficción Suprema" con carácter de deidad. Tres características debían definir esa poesía con un objetivo tan elevado: la ficción debía de ser abstracta, debía de proporcionar placer y debería poder cambiar.

En "La Roca" se dan las tres características. En primer lugar el lenguaje es absolutamente sencillo pero a la vez abundan los sustantivos abstractos. En segundo lugar la lectura, aunque en ocasiones se hace compleja, siempre es placentera. Y por último lugar, el poeta habla desde un postura que, sin pretenderlo sino de manera natural, se asemeja a veces a la voz de un dios, capaz por tanto, del cambio.

El libro, que en su origen se divide en tres partes que en esta edición se sustituyen por ninguna, y como el propio poeta dice, fue escrito cuando tenía 70 años. El cambio de tono respecto a libros anteriores es evidente. El impersonalismo que había dominado buena parte de la obra del poeta cambia en esta ocasión a un fuerte personalismo, incluso cuando el poeta juega con el sujeto poético. El estilo, como se ha comentado, es extremadamente sencillo: Stevens desnuda su poesía de retórica, las pocas veces que la utiliza es con enorme maestría ("And the shadows of the trees / Are like wrecked umbrellas"), el léxico no es rebuscado y los adjetivos son pocos y bien elegidos. Y los poemas, en contra de la opinión de Ainhoa, se hacen más sencillos que en libros anteriores, ¿ha leído usted "Auroras de Otoño"?, aunque el grado de abstracción, palabras sencillas para pensamientos complejos en la línea que luego liderará John Ashbery, es elevado.

En general el poeta, a su avanzada edad, nos transmite la sensación de que sus recuerdos no existieron, en la línea de Yeats en su "The Circus Animals' Desertion", sino que fueron creados por una supraconciencia, "la conciencia fantástica", para rellenar el vacío de la existencia. En el poema que da título al libro, "La roca", una roca desolada, se resume la sensación sobre el vacío de la existencia que el poeta siente y su necesidad de encontrar una redención. Si la realidad puede ser un intento de escapar la nada mediante la "conciencia fantástica", la poesía, que aparece en la segunda parte del poema, puede ser el intento de escapar de la nada a través de la creación de significado. De esta forma, brotan los numerosos significados que el poeta comienza a darle a la roca y de esta manera el poema se convierte en constructor de la realidad. Como escribe en otro poema, "Dios y la imaginación son uno", y la contemplación, el mundo como una meditación, poema del mismo título del libro, nos dan una idea de una imaginación que va más allá de la imaginación humana. Una imaginación que, incluso cuando está ausente, "tiene que ser imaginada".

Así el poeta imagina una naturaleza pensativa, que con su pensamiento crea los objetos y por la noche los aparta de la existencia ( en el poema "Looking across the fields and watching the birds fly"). Y en esos pensamientos y observaciones Wallace Stevens construye una poesía en la que sacar versos excepcionales como muestra es un ejercicio inútil porque cada palabra forma parte de una compleja arquitectura lírica y filosófica. No le hace falta.

"La roca" es un poemario que parece escrito desde un punto de vista privilegiado: "el poema que ocupó el lugar de una montaña". Esa posición privilegiada ayuda a crear el estado salvífico que para Stevens tiene la poesía. Aunque el subtítulo del poemario es una referencia temporal, "Setenta años después", el libro es una respuesta a la nada, "a cure of the ground", ante el vacío del tiempo después de la muerte, y también una respuesta al miedo al olvido, el olvido "beneath the dew". En uno de los últimos poemas escritos por Wallace, "El planeta en la mesa", el poeta se identifica con el Ariel judío, tranquilo en sus últimos días porque "ha escrito sus poemas". Setenta años después el tiempo ha perdido su importancia frente al poeta y sus versos.

"La roca" es una exhibición de talento y de capacidad de transmisión lírica. La poesía es desnuda, reflexiva y profundamente hermosa. Un enorme poeta, otro olvidado por el Nobel, cuya influencia sobre el postmodernismo es abrumadora.

Valoración de "La roca": 9 / 10

martes, 14 de octubre de 2008

Desalojos, por Miriam Reyes. Edita Hiperión. Reseña Francisco Díaz de Castro

Hola a todos,

Esta semana toca algo, a priori, bastante distinto a la sobrecargada poesía que veníamos contracriticando las últimas semanas. La reseña la realizó Francisco Díaz de Castro. Ignoramos por completo la objetividad que, a priori, tiene el crítico en esta reseña. En nuestro caso no hay conflictos de objetividad.

En cualquier caso, muy objetivo no parece el señor de Castro en la reseña que escribe. O eso, o tiene una versión distinta del delgado libro que tenemos nosotros. Lo que el llama "constantes hallazgos expresivos, imágenes sensoriales de gran plasticidad" no lo vemos por ningún sitio. Tampoco vemos el "dominio expresivo y la inteligencia compositiva de una autora." En lo único que estamos de acuerdo es que, efectivamente, el libro no es pretencioso, nada como no correr riesgos, y que hay un claro "desbordamiento emocional" por parte de la escritora. Corregimos por tanto nuestra nota de objetividad del crítico basándonos en los hallazgos que somos incapaces de encontrar:

Valoración de la objetividad del crítico en este caso en nuestra opinión: 4 / 10

Efectivamente el libro es fundamentalmente, como sí dice Francisco, una descripción de lo algunos hechos que ocurren tras la muerte de una persona cercana, la abuela en este caso, del sujeto que escribe. El libro se divide en dos partes sin título. Tampoco aparecen titulados los poemas.

En el primer poema se puede adivinar lo que va a ser el conjunto del libro. Por un lado, el poema tiene un componente narrativo importante, y cada nuevo poema va a suponer un paso más en el proceso de llegada, velo y entierro del familiar. Hay por tanto una organización cronológica de los poemas, que en realidad son distintas parte de uno solo.

El verso es libre en buena parte, y el ritmo se resiente en bastantes ocasiones. Falta técnica rítmica en la composición del verso y en el encabalgamiento del mismo, totalmente predecible. Algún detalle como la ausencia de comas en determinados puntos parece más gratuito que necesario. Lo que podría denominarse, a este respecto, un estilo impostado.

Desde el punto de vista retórico, la poeta utiliza un lenguaje desnudo y sencillo en general, aunque, llevando la contraria de nuevo al crítico, sí que hay varios intentos de usar un lenguaje más retórico en varias ocasiones, pero de nuevo la técnica, o el talento, fallan: "Balanceo la cabeza sin fuerzas / como un péndulo a punto de detenerse", "Como un racimo de uvas nos fuimos desgranando", "con las manos extendidas / tan suaves como pétalos", "La primera pelea empezó justo después de que archivaran tu cuerpo / como un caso cerrado", "Una habitación brillante y vacía / como una página en blanco".

El detallismo que menciona el crítico apenas surge en todo el poemario. Y es una pena porque en los escasísimos sitios donde surge, en especial en el segundo poema, cuando Miriam escribe "sujetándonos de alguna manera / para no caer contra el cristal / que ya empieza a empañarse por los bordes", es donde encontramos los pocos momentos poéticos del libro.

Si el poemario falla en lo técnico, la pregunta es, si a pesar de esto, el dolor o la aflicción ante la muerte logra conmover o transmitir algún mensaje poético. Lo cierto es que no. Leemos el poemario con indiferencia a pesar de los esfuerzos del sujeto poético para que compartamos su dolor, llegando a un elevado agonismo y patetismo en momentos concretos ("se empaña contra el frío y la putrefacción de la carne", "¿Sentirán los insectos la llamada de tu cuerpo / rebosando cavidades y poros / mojándote el vestido?, "Rezo a las larvas que coman tus entrañas").

La segunda parte, como acertádamente comenta el crítico, no añade gran cosa. No entendemos que califique los poemas como crípticos, sin embargo. ¿Cómo calificaría entonces a Ashbery? A pesar de todo, el poema que comienza con el verso "¿Vas a enseñarme a vivir" está muy por encima de la media del poemario.

"Desalojos" es un libro prescindible. Técnicamente muestra las limitaciones de la poeta, casi narradora en este caso, y temáticamente no sólo no aporta nada nuevo, algo difícil por lo que parece, sino que ni siquiera llega a transmitar algo de poesía en un tema que se lo ponía fácil sin caer en lo exageradamente emocional o en lo directamente agónico.

Valoración del libro "Desalojos": 3,5 / 10

lunes, 13 de octubre de 2008

Gracias ciudadanos del mundo de más de 70 países


Queridos amigos:

Aunque pueda parecer un ejercicio de autopromoción, en realidad sólo queríamos daros las gracias. Hemos superado los 70 países que han visitado nuestras páginas, muchos de ellos sin ni siquiera ser hispano hablantes. Hay una cosa clara. Con más de 8000 visitas al mes, nadie puede decir que la poesía no interese. Ni que falten fuerzas para cambiar las cosas que no nos gustan. Sólo falta vuestra voluntad.

Desgraciadamente las zonas en blanco, perdón por la fotografía pero el java del mapa no se puede extraer, nos muestran aquellas partes de la tierra donde la miseria económica y política es mayor. Y dónde con seguridad hay poetas escribiendo en sus libretas manchadas de tierra versos, porque la poesía es universal. Versos que no nos llegarán.

Seguimos sin aceptar y nunca aceptaremos publicidad en nuestro blog, a pesar de todo. Nuestra credibilidad está en nuestra independencia y en nada más.

Estos son los 25 países que mayores visitas nos hacen desde que comenzamos (perdón porque la lista esté en inglés):

1. Spain

2. Mexico

3. United States

4. Argentina

5. Colombia

6. Peru

7. France

8. Chile

9. Italy

10.Uruguay

11.Venezuela

12.Portugal

13.Ecuador

14.Puerto Rico

15.El Salvador

16.United Kingdom

17.Germany

18.Bolivia

19.Guatemala

20.Panama

21.Dominican Republic

22.Costa Rica

23.Nicaragua

24.Morocco

25.Brazil


Muchísimas gracias, amigos que estáis tan lejos pero tan cerca, por venir a este pequeño retiro de poesía publicada en España. Besos a todos. Seguiremos trabajando por vosotros y por el progreso de la poesía.

viernes, 10 de octubre de 2008

Joan Margarit. "Casa de Misericordia". Visor. Premio Nacional de Poesía.


Hola a todas y todos:

Suscribimos buena parte de lo comentado por vosotros sobre lo ocurrido en el premio Nacional. Desde que comenzó este blog hemos pensado que la poesía viviría mucho mejor sin que un grupo de iluminados nos dijera cada cuál es el mejor libro escrito, y tratara de imprimirlo en la historia forzando lo que haya que forzar. Aparte de esto, se trata de dinero público, Molina, y lo menos que se puede pedir es la máxima transparencia. Y no ha habido nada de transparencia en este premio. Eso sí, viendo el ISBN, lo que algunos poetas metidos a políticos han publicado, y dónde, desde que ocupan cargos de relevancia y lo que publicaban antes, da la sensación de que les ha salido muy bien la jugada.

La opinión del jurado ya ha sido expresado muy claramente por un contertulio. Cuatro personas con una vinculación directísima a Visor, otras sin ninguna conexión evidente con la poesía, un reparto regional cuanto menos curioso, nos llevan a pensar que la objetividad del premio, a priori, es de las más bajas que recordamos:

Valoración de la objetividad del premio Nacional 2008 en nuestra opinión: 2 / 10

Poco más hay que decir cuando un modesto editor sale con su nombre y nadie tiene narices de seguirle. A tragar hasta la muerte, amigos, ¿no?

Empecemos con el libro. Ya en su libro "Joana" el poeta había hecho un ejercicio de poesía confesional, escrita desde la cercanía de la muerte de su hija. El tono confesional continua en "Casa de misericordia", un poemario escrito desde la serenidad de la avanzada edad del poeta, y que hurga en sus obsesiones en ese punto de su vida: la muerte, con Joana todavía como una figura importante en el poemario, la vejez, el paso del tiempo, la soledad, el desamor...

En general el poemario tiene un tono casi existencialista, un desencanto que es común en muchas de sus páginas, casi una especie de rendición anticipada, a veces excedida en lo que podría calificarse de un cierto victimismo.

En una entrevista reciente el poeta despreciaba sin ambages "la grandilocuencia romántica y la poesía de vanguardia". Efectivamente, nada hay de vanguardista en su poesía y de ahí que escritores como Marzal o Montero lo consideren maestro y figura a seguir. De hecho el propio poeta, en un epílogo de escasa altura intelectual y dudosa modestia, nos habla que le ha llevado tiempo comprender la miseria de la vanguardia. Sin embargo, a pesar de sus palabras, el poeta no ha conseguido ni mucho menos desprenderse de lo que él denomina "grandilocuencia romántica". Algunos de sus poemas conectan directamente con el siglo XIX, y no precisamente en los aspectos más positivos de la poesía romántica y post-romántica.

Resulta curioso, en este sentido, que se hable de una voz singular en el caso de Margarit, cuando pocas diferencias tiene con muchos de sus compañeros de editorial. Es más, los versos de unos podrían ubicarse en los poemas de otros, y sería muy difícil destacar la autoría de cada uno de ellos. Margarit, como muchos de los poetas de Visor y de Tusquets que llevamos criticando, para nuestro sopor, en los últimas semanas, es otro ejemplo más del estado artrítico en el que se encuentra buena parte de la poesía oficial. Dice el poeta que hace suya la frase de Hardy y lo único que podemos hacer es escribir sobre las cuestiones de siempre con los estilos de siempre, pero intentándolo hacer un poco mejor. Bueno, pues con las cuestiones de siempre y los estilos de siempre, es decir, desde el conservadurismo poético, Margarit está muy lejos de mejorar cualquiera de los nombres que cita en su epílogo. Su poesía se rige por un concepto unidimensional de la estética, y por una pobreza técnica sorprendente.

Y así, como en el resto de sus compañeros y alumnos, encontramos más de lo mismo:

1) Una buena abundancia de clichés y de terrribles metáforas: "Entre tantos desastre amontonados como sacos", "Tiende la mano hacia un confuso ayer", "La vida es un hielo en el vaso de sombra /que me ofrece la vida.", "zarpo desde los muelles de la realidad", el poema completo sobre el poco manido tema de la partida de ajedrez ("Jaque"), "rompe como una hucha su pasado", "por los raíles / de brutales heridas del pasado,", "Y en el pedregal triste de mi infancia.", "con los cristales rotos del final de la vida",

2) Afectación, con un romanticismo mal entendido, en la línea de la última poesía de mensajes a móviles: "como un reloj de aquellos, que ahora marcan / el ayer y el mañana en nuestro amor", "cuando marque tu hora solitaria / la esfera de la luna sobre el mar", "Donde mueres las olas / he vuelto a ver tus pies de mujer joven / que te barniza el agua lenta y dócil.", "espero / a que, dentro de mí, termine de llorar / la niña del fracaso.", "con palabras de amor que cubrían de musgo / las rocas ásperas donde la vida, / más dura que la guerra, después les estrelló.", "la lluvia se adormece con tu nombre / y limpia el pozo negro de la melancolía", "cruzando el oro verde y oscuro que al crepúsculo / barniza los viñedos de noviembre", "una mañana de oro azul / que destellaba en el cristal del mar.", "en mi boca, conservar / la dulzura de tu amor.", "en el puerto del crepúsculo".

3) Exceso de atención en los finales: Unos cuantos poemas caen en la sentencia final y a veces parecen "pegotes", como si el verso hubiera sido forzado a entrar donde no cabía.

Como nada es blanco o negro, hay algunos poemas buenos, aquellos en donde el poeta mete la mano lo menos posible en la retórica, como "Ser viejos" ("Ser viejo es que la guerra ha terminado"), el tono pausado e impresionista de "Apilando leña", el urbanismo más interesante de "El vendedor de rosas" ("Como un Cupido viejo, / pasa escupiendo el vendedor de rosas."), la serenidad de "Crematorio" ("Dentro de mí, ahora que habéis muerto /hay una luz debajo de una puerta. / Como si os dispusierais a dormir."), el moderado expresionismo de "Avanzar dentro de un cuento" ("Hallo un nido caído, un niño grande / como la cuna de una niña muerta.") y los poemas sobre los niños titulados "Voces infantiles" y "El último juego"

Nos gustaría comentar unas pequeñas líneas sobre un poema que dice: "Lo que hoy toca es hacer democrático el arte. / Ningún árbol más alto. / Espantosamente ricos, / y por eso espantosamente pobres". Primero, es falso que el arte sea democrático. Como ejemplo, tu premio nacional. Más bien estamos en una especie de monarquía a nivel poético, con su cuadrilla de nobles y cortesanos alrededor, en dónde los árboles que destacan, porque hay grandes diferencias en las alturas mediáticas, están siendo árboles de crecimiento rápido y delgado tronco, eucaliptos quizás, que mejor servirán como madera, mientras que es posible que los robles, sin ayuda de nadie, algún día comiencen a verse. Y lo que hoy tocaría es precisamente democratizar el arte y quitarle toda esa carga burguesa, monárquica y de amistades partidista que lo pudren. Como tocaría democratizar este régimen económico-político que como padres y abuelos nos distéis, y que tan contentos os tiene, y que a nosotros, a este colectivo al menos, nos produce nauseas.

Entre fríos, mares, trenes, calles, nieve y muerte el poeta nos muestra su desencanto, su pesimismo y sus recuerdos. De acuerdo, el material, los temas, son los de siempre. La técnica es acomodaticia en lo métrico. En los retórico, en general, no sólo falla sino que el lenguaje metonímico del poeta es lo suficientemente malo para que los poemas mejores notablemente si eliminamos sus metáforas y comparaciones, como ocurre en buena parte de los poemas más acertados.

No es cierto que éste sea el mejor libro del año. Hay decenas de libros mejores sin que 2007 vaya a pasar a la historia de la poesía española. Si el mensaje que se quiere transmitir es que éste señor es el profesor, y todos debemos de seguir sus pasos, por favor, no ahondemos más en el empobrecimiento de la poesía que se escribe. No es extraño que bajen las ventas de libros cuando lo que se vende como gran poesía es esto. Los neófitos pensarán, si esto es lo mejor, ¿cómo sera lo peor? Triste oficialismo el que sufrimos en este siglo XXI cargado de voces viejas independientemente de sus años.

Valoración del libro "Casa de misericordia": 3,5 / 10

PD.- si podemos vamos a trasladar los mensajes puestos en la anterior entrada a ésta

domingo, 5 de octubre de 2008

Álvaro Valverde. Desde fuera. Edita Tusquets. Reseña Babelia. Y comentarios al premio nacional de Joan Margarit


Hola a todos y gracias por todos los libros que vamos recibiendo antes ni siquiera de comenzar a mandar correos a las editoriales. Es un honor y un orgullo leeros y recibir tanto cariño. También hemos recibido varios comentarios que apostaban ya por sus candidatos de manera pública. Como muchos recordaréis del pasado año, los votos son secretos y se mandarán a una dirección de correo electrónico que os daremos una vez termine el año. Pero gracias por vuestro entusiasmo. Ya se ven algunos favoritos...

Razones de distribución, de peticiones y de agenda nos llevan de nuevo a Tusquets. El libro, de Álvaro Valverde, se titula "Desde fuera".

La crítica la realizó Antonio Ortega en Babelia. Al margen de que Babelia trata muy bien a Tusquets, como buen anunciante que es tal y como puede comprobarse en el faldón que acompaña a la reseña, tampoco creemos que Antonio sea demasiado objetivo respecto a Álvaro, y no sólo por los amigos comunes. Aunque lo hemos dicho en otras ocasiones, la objetividad no sólo implica el hacer una reseña laudatoria, algo que ocurre en el 99% de los casos. El simple hecho de señalar qué libros entran y cuáles no en la ruleta de la fortuna ya es una ayuda esencial para libros que, curiosamente, no la necesitan. Si el dinero atrae más dinero, el poder atrae más poder.

Objetividad a priori del crítico en nuestra opinión: 3 / 10

La crítica de Antonio, por otra parte, demasiado construida con trozos del texto de Álvaro, nos parece decepcionante. Y su conclusión no se apoya en argumentos. Queremos más proteína.

Nuestra objetividad es baja. Para empezar, desconfiamos de cualquier premio Loewe, pecado y prejuicio claro y público de este colectivo. Y además, sentimos la misma desconfianza hacia poetas metidos a políticos, y que dividen el mundo en buenos y malos. Por mucho que a veces sean destituidos. "No se imaginan los sapos que he tragado" dice el poeta refiriéndose al tema (http://mayora.blogspot.com/search?q=destituci%C3%B3n). Nadie te obligaba a tragártelos. Resultado: 3 / 10

Comienza el libro con una cita del poeta valenciano Cesar Simón, poeta de cabecera de Vicente Gallego, entre otros, y que da título al libro. Escrito entre los años 2000 y 2007, las diferencias entre las distintas parte de "Desde fuera" son importantes, tanto en temática como en estilo, y el resultado es muy desigual en términos de la calidad de la poesía.

Empieza "Desde fuera" con el juego de opuestos que el poeta ofrece en la primera y última parte del libro. Si la primera es "Desde dentro", su primer poema es "Desde fuera", título también de la última parte del libro. "Desde dentro" muestra todos los defectos de la poesía de Valverde y pocas de sus virtudes. En sus dieciocho poemas, las reflexiones interesantes de los dos primeros poemas en seguida se convierten en pensamientos sondables y superficiales. El lenguaje, que en otras partes será más desnudo y sencillo, es aquí un lenguaje metonímico y alambicado, compartiendo los defectos que agrupan a varios de sus compañeros de editorial y de premio: abuso de clichés, falta de originalidad, metonimias y metáforas desgastadas...Unos pocos ejemplos servirán de ejemplo: "el río desangrándose / a la hora rojiza de las últimas vísperas", "Las arrugas que cruzan por tu cara / son las líneas del mapa de tu vida.", "en otoño, es la gama de ocres quien impone / belleza a esa nostalgia /que destila su zumo / de las sombras frondosas del verano.", "A través del cristal, lejos de aquí, / arde de nuevo el mar.", "Mi vida es este río que me lleva, / esta apacible huida hacia la muerte."

La intertextualidad, en línea directa con nuestro siglo de oro, no sirve para dar nueva luz a los versos ya escritos sino que, más bien, parece un ejercicio de exhumación poética.

La segunda parte, titulada "Sur" no mejora en nada la altura, como diría Antonio Ortega en su reseña, de la primera parte. Hay una insistencia excesiva en los mismo temas, sin que cada nuevo poema agregue algo al conjunto. El amaneramiento estilístico es, sin embargo, todavía mayor en la repetición de ciertas imágenes: "Al fulgor carmesí / de este ocaso de agosto", "cuando cesa la tarde / y la luz es de oro", "La luz de atardecida mancha todo", "cuando muere la tarde"...

El libro comienza a recuperarse en la tercera parte, "Entonces la muerte", cuando el poeta comienza a quitar innecesarios adornos a su lenguaje y habla de manera clara de lo que lleva bastantes poemas queriendo decir dando rodeos con el atardecer, el otoño, el ocaso y similares: su preocupación existencial por la muerte, tema recurrente en la poesía del extremeño. Tanto el primer poema, en donde el poeta aúna su angustia existencial con el otro gran tema de su poética, la naturaleza, como en los dos siguientes, en donde la memoria de la muerte es nítida y poética, Álvaro logra tres poemas buenos, muy por encima de lo leído hasta el momento.

Aunque sin llegar al nivel de las dos primeras partes, la cuarta, titulada "Lugares del otoño", vuelve a la retórica gastada: "las aguas enlodadas / del río de la infancia: el del olvido", "El que hoy comenzaste es un largo viaje / por el río del tiempo." Cuando el poeta baja del Parnaso, como en el poema 5, la mejora es tan notable que parece mentira que éste sea la excepción y no la regla.

Aún así, la segunda mitad de "Lugares de otoño" es claramente mejor que la primera, y anuncia, independientemente del registro temporal, la mejor parte del libro: "Imaginario". Inspirado en la pintura de Godofredo Ortega Muñoz, el poeta desciende por fin a la tierra y desnuda su poesía de abalorios para hablar precisamente de un paisaje hermoso por su sencillez, su aridez y su carácter desértico. Llegando a veces casi a una orientalización minimalista que lo acerca al renga, Álvaro avanza por ese territorio de sequedades y su poesía y el tema se adaptan esta vez sí al mensaje poético. Esas retamas, esos terrenos duros, en donde paisaje y pensamiento lúcido se unen, son lo mejor del libro.

La última parte, "Desde fuera" comienza con unos de los mejores poemas del libro, "Stevenson, Skerryvore", donde el paisaje interior se traslada al mar, en una naturaleza que continua siendo inhóspita pero bella a la vez. Las múltiples referencias literarias en esta parte, de nuevo marca de la casa, y la multitud de lugares que se conforman en los poemas, tienen un resultado desigual, con poemas buenos, como "Hotel Kreuz", "Plaza de Garrovillas" o "Dos robles jóvenes", y poemas donde cae en los errores ya señalados, como en "Mariñas de Sada", con los versos retorcidos y forzados métricamente "como si de tapices / al cabo se tratasen", "Cáparra" o "Puente de Alcántara".

"Desde fuera", en su conjunto, no deja un buen sabor de boca y sí cierta rabia. Desde fuera, valga la redundancia, se aprecia que el poeta puede dar mucho más de sí, y no se entiende bien la enorme diferencia que hay entre los poemas buenos y los poemas que caen en el rebuscamiento vacuo y en la completa falta de originalidad. Ahora que, como dice el poeta, comienza su otoño, Álvaro tiene dos caminos delante de él (o argentinos o incultos o las dos cosas, vamos): el poeta sencillo pero hondo que se funde con su paisaje o el poeta que se viste pomposo y recargado sobre un fondo baldío. Dependiendo de él y sólo de él, el tiempo lo situará en el lugar que le corresponda.

Valoración del libro "Desde fuera": 5 / 10